Me gustan los
atardeceres cuando hay nubes y guardan el color difuminado del sol cuando se esconde...
Me gustan las tardes de tormenta y cerrar los ojos y acertar
cuándo vendrá el próximo trueno. Me gusta la claridad que llena el cielo y lo parte y me contagia de la sensación
increíble de caos, que me empapa y me limpia y me incita a correr en medio de la torrencial lluvia, imbuida en un sentimiento de libertad que no sé explicar, como si todo mi ser perteneciese a ese instante en el que el relámpago se acerca y atraviesa cada poro de mi piel.
Me gusta levantarme temprano e ir a favor del tiempo.
Me gusta la música, casi siempre lenta y cálida que me engancha inevitablemente con un recuerdo que me hace
sonreír, y la que descubro, sobre todo esa, la que viene en el momento preciso, como si fuese un mensaje. Música tierna, melodía en ocasiones, notas de violín que se posan sobre mí y atrapo entre mis manos para derramarlas después sobre el "recipiente" capaz de acoger mi partitura.
Me gusta caminar sin decidir el camino que quiero tomar.
Me gusta respetar mi cuerpo y la comida equilibrada.
Me gustan las palabras que riman con los sentimientos.
Me gusta la calidad del aire que llena mis pulmones y que respiro cada vez que vuelvo a casa.
Me gusta siempre una buena charla con los amigos, regada de un sin fin de "te acuerdas" y la certeza de saber que por muy alejados que estén nuestros caminos seremos capaces de encontrarnos aunque sea a ciegas, porque a ciegas se construye y se asienta y se tiene la fe suficiente como para creer que nunca va a derrumbarse lo que se asienta sobre terreno firme. Adoro las amistades que empiezan y te retan a descubrir y ser descubierto. Al fin y al cabo se trata de averiguar si la caricia que sucede al primer contacto llega donde debe y más aún, si deja impronta.
Me gusta la luz tenue.
Y a veces me gusta la calma y otras muchas me faltan horas para hacer o deshacer.
Me gustan los libros en los que me veo reflejada. La lectura en general que se acompasa con mis latidos.
Me gusta la luna llena porque yo soy selenita.
Me gusta soñar despierta y planear lo justo como para no elevar el vuelo.
Me gustan los abrazos en los que se termina por respirar al mismo tiempo e implican y atan y unen.
Me gustan las sonrisas de las que puedes colgarte.
Me gusta la libertad de ser como soy sin que me importe lo que piense el resto. Me gusta la libertad en general y la capacidad de sorpresa y las cosas no pautadas.
Me gusta amar sin medida ni conocimiento, porque no entiendo el amor de otra manera, sólo el que se expresa en una absoluta entrega y generosidad. No se ama para desaparecer en el otro, se ama para acompañar, para compartir lo que nos une y lo que nos separa, se ama para no dejar de seducir para no cesar en la conquista de la persona amada, porque no hay nada más inseguro que lo que no se cimenta y el amor varía en cada época, con cada vuelta de rosca, en cada esquina. Me gusta amar con todos los sentidos en el instante de ahora que es el único que poseo para
derramarme entera.
Me gusta decir te quiero sin venir a cuento.
Me gusta la navidad y las luces...
Me gusta estar en familia, sentirme protegida. Es el amor más puro del mundo. Me gustan todos y cada uno de los valores que me han inculcado, adoro los sentimientos incomparables que siento por mi familia porque me hacen única, porque son únicas.
Me gusta escribir, escribirte a ti, porque me gustaría gustarte.