domingo, 21 de septiembre de 2008

DE CUANDO RIMABA...


Mi alma bate por encima de las rosas

hasta el aire que rebosa de tu esencia.

Mi alma te acaricia, tu presencia,

mi amor, más allá de cualquier cosa.


Mi alma se reposa en cada ausencia

en cada agónico segundo contigo

en el pequeño espacio en que te miro

vuelve lánguido el azul, la decadencia

instalada en mi mirada, y el olvido,

queriendo meterse en cada prenda

que me has ido tejiendo, que he tejido,

con máscaras sublimes de inconsciencia.

Por tenerte a mi lado, mi rocío,

qué importan los segundos, apariencia

de realidad, si te he tenido

tantas veces en mi alma prisionera,

de tu perfume embriagada, la primera

rosa del despertar tardío,

de la vida que empieza en cada cosa

que mi alma te robó, en cada hermosa

primavera a tu lado, si es contigo

el amor y la distancia es una cosa,

el quererte comenzar sin este frío

para posarme cada día en una rosa.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

LLUEVE...


Me gusta la lluvia, su rumor suave cuando empieza a caer y se desliza sobre el tejado de uralita que siempre la delata. Cálida y oscura, resbala encima de mi cabeza y, aún, sin tocarla puedo sentirla y es entonces cuando me transformo, como si el hecho de la lluvia desencadenara una especie de alter ego capaz de absorber su fuerza, como si la primera gota formase parte de un ritual que suele preceder a la melancolía.
Llueve lentamente sobre la ciudad, sobre sus obras a medio terminar, sobre el asfalto resquebrajado del final de mi avenida, sobre la montaña que se adivina detrás del edificio de enfrente. Llueve sobre las banderas que hondean en los balcones desde el último gol, o la última medalla, y que ahora se agitan con fuerza. Llueve sobre las soledades y sobre las esperanzas, llueve sobre todo y sobre todos y llueve para limpiar, siempre para limpiar.