A veces es necesario que se rompa algo para cambiar las piezas. Piezas que brillan diferente según la luz que las ilumine.
Quizá me he dado cuenta de la cantidad de espacio que le reservo a verme en otros, a engrasar la maquina con la esencia de otros, a brillar siempre con la luz de afuera. Pero ya no, hoy no, porque ayer se rompió algo, algo insustituible, precioso y mágico. Está inservible, y aún ahora trato de recomponer lo poquito que queda, pero es que soy incapaz de encajarlo porque pegado se ha hecho más grande y, claro, así no hay manera...
Qué felices nos las prometemos pensando que amar es sencillo, que uno no tiene nada más que hacer que mirar al otro con cara de pájaro bobo, suspirar del orden de 300 veces diarias y pronunciar palabras importantes cada dos por tres, despojándolas así de su importancia. Nos creemos que amar es tan fácil como poner en la bandeja del desayuno algo más que café por las mañanas.
Amar es ver amanecer en los ojos de otro... pero no es tan sencillo, hoy me he dado cuenta, porque se ha roto, se ha roto y no tiene remedio.
Tiene que ser mucho más que eso, y tengo la sensación de ir descubriendo de lo que trata este juego a medida que avanzo por esta relación.
Ayer se me rompió y no hay manera... este vinculo que me unía a ti, que me tenía pegada a ti, que te asfixiaba y me restaba en vez de sumarme. Se rompió y duele, como duelen las cosas que nunca se dicen, pero no importa, hoy uno más uno son dos.
Te quiero más y mejor.
1 comentario:
Nunca debe ser uno más uno es uno. Me alegra mucho leerte, leerte sincera y segura. Y es que muchas veces se tienen que romper las cosas para tomar otros caminos.
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