sábado, 22 de noviembre de 2008

mi corazón selenita: sumando

mi corazón selenita: sumando
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sumando



Cuentas lanzadas al aire, sumas de momentos que componen y recomponen. Luces del alma que han iluminado, una por una, cada caricia, cada gesto leve, cada alegría compartida, cada verdad reclamada. Cuentas al fin, de cómo se aprende a ser feliz, cuantas pequeñas y grandes. 2008 maneras de sonreír

domingo, 16 de noviembre de 2008

El tiempo se detiene


Ayer se me rompio el reloj, de la manera más tonta, y el caso es que sabí a que se me iba a romper en cualquier momento, digamos que su correa no era del todo fiable. Por supuesto lo inmediato a su ruptura fue ir al cajón a buscar un recambio y, ahí estaba, mi antiguo reloj. Me hizo ilusión ponermelo otra vez, los relojes deben tener esas cosas no?, que alteran el tiempo a su gusto. Una vez sustituido y con el problema solucionado, me dispuse a subir al coche para ir al trabajo, no veia muy bien pq aún era de noche y encendí su luz, y cual fue mi sorpresa cuando no se ilumino, es más, se apagó del todo. -Mierda- llego tarde. Atención a la absurdo de la frase, llego tarde pq?, pq se me ha roto otro reloj?.

He llegado tarde a muchas cosas en mi vida quiza por estar demasiado pendiente de su tic tac. Me alegra vivir en esta deshora.

Cuando es...un sueño


Cuando no se encuentra la calma en ningún lugar , ni siquiera en los conocidos, en los rincones de velas encendidas, en los baúles medio llenos o medio vacíos, en las luces que se apagan y se encienden, en el control de las circunstancias o en el desorden de las mismas. Cuando todo lo ganado no tiene sentido sin lo perdido y las listas se hacen grandes en vez de pequeñas. Cuando se suceden metas cumplidas y se apilan en lugar de sumarse. Cuando ni tiemblo ni vacilo ni muero de miedo, cuando todo pasa y pasa sin rozarte, entonces me doy cuenta de la pérdida de luz, de la poca garantía que tiene la felicidad, de lo fácil que es abandonarse sin más al paso del tiempo… Y entonces me despierto y sale la luna de nuevo.

domingo, 12 de octubre de 2008

Pequeñeces


Vivo en esta realidad tan pequeña que es la mía, evitando, casi nunca adrede, las ajenas, las que ni siquiera me rozan, pero sí pasan a mi lado, pasan y dejan su olor, su calidez, su existencia, y yo, las ignoro porque siempre miro hacia adelante.¿ Y si alguna vez reparase en su presencia?, en su soledad o en su compañía, en su tristeza, en su falta de recursos o su abundancia de ellos, al fin y al cabo son vidas, descubrimientos, despertares tremendos a otra visión de las cosas, porque la realidad no debe ser tan pequeñita no?...

domingo, 21 de septiembre de 2008

DE CUANDO RIMABA...


Mi alma bate por encima de las rosas

hasta el aire que rebosa de tu esencia.

Mi alma te acaricia, tu presencia,

mi amor, más allá de cualquier cosa.


Mi alma se reposa en cada ausencia

en cada agónico segundo contigo

en el pequeño espacio en que te miro

vuelve lánguido el azul, la decadencia

instalada en mi mirada, y el olvido,

queriendo meterse en cada prenda

que me has ido tejiendo, que he tejido,

con máscaras sublimes de inconsciencia.

Por tenerte a mi lado, mi rocío,

qué importan los segundos, apariencia

de realidad, si te he tenido

tantas veces en mi alma prisionera,

de tu perfume embriagada, la primera

rosa del despertar tardío,

de la vida que empieza en cada cosa

que mi alma te robó, en cada hermosa

primavera a tu lado, si es contigo

el amor y la distancia es una cosa,

el quererte comenzar sin este frío

para posarme cada día en una rosa.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

LLUEVE...


Me gusta la lluvia, su rumor suave cuando empieza a caer y se desliza sobre el tejado de uralita que siempre la delata. Cálida y oscura, resbala encima de mi cabeza y, aún, sin tocarla puedo sentirla y es entonces cuando me transformo, como si el hecho de la lluvia desencadenara una especie de alter ego capaz de absorber su fuerza, como si la primera gota formase parte de un ritual que suele preceder a la melancolía.
Llueve lentamente sobre la ciudad, sobre sus obras a medio terminar, sobre el asfalto resquebrajado del final de mi avenida, sobre la montaña que se adivina detrás del edificio de enfrente. Llueve sobre las banderas que hondean en los balcones desde el último gol, o la última medalla, y que ahora se agitan con fuerza. Llueve sobre las soledades y sobre las esperanzas, llueve sobre todo y sobre todos y llueve para limpiar, siempre para limpiar.